Diario del Jinete

Por qué el curso La Mente Equina es ideal para jinetes adultos

2026.07.24
Jinete adulta principiante ajustando el equipo antes de una clase de equitación para adultos

En los foros de equitación para adultos nadie se ponía de acuerdo en nada, que si el bocado debía ir así, que si tal manera de montar era una barbaridad y la otra un milagro. Mi caballo, en cambio, nunca me ha contradicho: hace lo mismo pase lo que pase, sin opinar sobre nada más que lo que tiene enfrente.

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Entre pólizas y estribos: la equitación para adultos que no cuadra en ningún balance

Como contadora, mi cabeza está entrenada para las estructuras que sí cuadran: números que amarran, reglas que se explican solas. El miedo que me agarra frente al caballo no sigue ninguna de esas reglas, y eso al principio me chocaba más que cualquier caída que nunca tuve.

Empecé después de un paseo de vacaciones que me dejó sacudida y, sin que lo pidiera, enganchada. Ahora mis sábados son en la caballeriza camino a Juriquilla, a las afueras de Querétaro, con un tordillo de las clases que me aguanta más torpezas de las que puedo contar. Mientras las niñas de diez años del grupo galopan como si no tuvieran huesos, a mí todavía se me suben los hombros hasta las orejas si el caballo mueve una oreja de forma rara, ese miedo de las primeras veces da para su propia entrada completa, así que aquí no me detengo en él. No me faltaba técnica; me faltaba el porqué. ¿Por qué se espantó con una paca de paja que llevaba ahí toda la mañana? En el picadero nadie tenía tiempo de explicarme eso entre ejercicio y ejercicio.

Manos de una jinete adulta ajustando la cincha de cuero antes de montar

Un curso frente a solo más clases

Buscar respuestas en internet fue mi primer intento, y el que peor me salió: pregunté en un par de foros y cada quien me contestaba algo distinto, hasta contradictorio, sobre lo mismo. Ahí entendí que necesitaba algo con hilo conductor, no opiniones sueltas de gente que nunca vio a mi caballo. Fue así como llegué a La Mente Equina de 0 a 100 hace ya varios meses: no buscaba una medalla ni saltar obstáculos de metro y medio, solo quería dejar de sentirme una extraña arriba del caballo.

Por las noches veía los videos después de cerrar el despacho, la misma lección repetida tres veces si hacía falta para que se me quedara antes del sábado. Ahí aprendí la palabra etología, que ella misma resume como el porqué detrás de lo que hace un caballo, sin que yo necesite convertirme en experta para aprovecharla. (De cómo leer las orejas y la cola en el momento ya escribí aparte, porque ese tema da para su propia entrada.)

Si a ti también te dan nervios antes de llegar al club, cómo prepararse para la clase de equitación y evitar los nervios es la entrada que más me ayudó a juntar la teoría del curso con lo que pasa de a de veras arriba del caballo.

Primer plano del ojo de un caballo durante una clase de equitación para adultos

Lo que cambió en la semana siete

Fue en la semana siete, no antes: me acerqué por el lado izquierdo sin dudar un segundo, el caballo estiró el hocico, olfateó mi mano entera y no retrocedió ni un centímetro. Nada dramático visto desde fuera, pero para mí fue la primera vez que sentí que no le daba miedo yo. Ese mismo día noté algo en las riendas que no había sentido antes: un aflojarse breve del bocado entre mis dedos, apenas un instante, cuando el caballo cedió la mandíbula sin que yo se lo pidiera a la fuerza.

Lo que el curso me dio no fue una fórmula para que el caballo se calmara solo porque yo lo quisiera. Fue la calma de entender un poco más antes de reaccionar. Ya había leído en otra entrada de este blog que conocer el comportamiento natural del caballo mejora el manejo casi de inmediato, y esa semana lo comprobé sin necesidad de repasar aquí toda la teoría: me quedé quieta, bajé los hombros y esperé, en vez de jalar la rienda por puro susto.

Estudiar de noche, montar el sábado

Como soy bien honesta, mi balance de estudiar en línea tiene sus dos lados. Lo bueno es que puedo repasar la misma lección las veces que haga falta, algo que en la clase presencial no existe porque el reloj del picadero no perdona; el curso se enfoca en la cabeza del caballo, un ángulo que en las clases prácticas casi nunca alcanza el tiempo para tocar. Lo no tan bueno es que la teoría sigue siendo teoría. Puedes saberte La Mente Equina de 0 a 100 de memoria y aun así llegar al sábado con las manos temblando, porque el trabajo de verdad ocurre con el caballo enfrente, no en la pantalla. El curso no reemplaza las horas de bota sucia; lo que hace es que esas horas rindan más.

En el chat del curso está Lucrecia, una conocida de Guadalajara que nunca he visto en persona pero con quien llevo meses comparando apuntes; ella siempre va dos lecciones adelante de mí y me lo cuenta con una inocencia que no tiene ni pizca de presunción, como quien avisa la hora sin darse cuenta de que a una la pone a competir consigo misma.

Mujer repasando el curso La Mente Equina en un descanso entre clases de equitación

Para quienes ya no tenemos veinte años

Ser jinete adulta tiene lo suyo: ya no somos de goma, la espalda avisa si nos caemos y encima cargamos con la cabeza llena de pendientes del trabajo. El curso me sirvió sobre todo por eso, porque me dio seguridad a través de entender, no de repetir un movimiento hasta que saliera por inercia. Saber que si el caballo hace una cosa es porque algo lo lleva a hacerla le quita mucho drama a la ecuación, sin que yo tenga que convertirme en entrenadora ni nada parecido.

Hasta el aseo diario cambió con esto. Cepillar solía ser puro trámite; ahora uso ese rato para mirarle los ojos y los ollares, ver si está tranquilo antes de siquiera pensar en montar. Si quieres profundizar, ya escribí sobre cómo cepillar a tu caballo para mejorar el vínculo, que es buen momento para aplicar esto sin la presión de estar montada. Los errores típicos de quien empieza de adulta: agarrar mal las riendas, subirse tensa, pasar por alto las normas del picadero que al principio se sienten letra chica. Los sigo cometiendo de vez en cuando, y esa conexión con el caballo se construye más despacio de lo que cualquier tutorial promete.

Hace poco me escribió Adela, una lectora desde Bogotá, contándome que la primera entrada de este blog describía su miedo casi palabra por palabra; ahora me avisa cada vez que da un paso nuevo en sus clases allá. Leer eso me recuerda que ninguna de nosotras está tan sola en esto como cree camino al establo, con el estómago cerrado.

Caballo relajado bajando la cabeza junto a su jinete adulta principiante

Lo que el curso no resuelve

El curso no me dio piernas de acero ni me curé del todo la costumbre de subirme por el lado que no es cuando los nervios me ganan. Ese tema, con toda la técnica de montar bien, se los debo para otra entrada del blog. Tampoco resolvió solo el equilibrio en la silla, que se sigue construyendo clase a clase, ni eligió por mí las botas y las polainas que al principio me costó tanto decidir. Lo que sí hizo fue quitarme esa sensación de estar improvisando por puro miedo, la misma que sentí en mi primera clase y que ya conté con calma en otra parte de este blog.

Y aquí va mi nota de seguridad de siempre, porque por más cursos que haga sigo sin ser veterinaria ni entrenadora certificada: si tu caballo se ve raro, cojea o tiene un comportamiento agresivo que no es el suyo, pregúntale a tu instructor o llama al veterinario, sin excusas. Cerca de un animal que nos dobla el tamaño, la seguridad va antes que cualquier lección de teoría.

Si sientes que te falta ese clic con tu caballo, o si te da un poco de miedo no entender qué trae en la cabeza ese animal que te dobla el tamaño, dale una oportunidad a La Mente Equina de 0 a 100. A mí me cambió los sábados: ya no llego solo a aguantar el trote, llego a ver qué me tiene que decir mi caballo ese día. Nos vemos en el picadero.

Nota:
Comparto lo que he aprendido a través de la experiencia, pero no soy médico, abogado ni planificador financiero. Este contenido no reemplaza el asesoramiento profesional. Habla con un experto cualificado antes de tomar decisiones importantes.