
El miedo que sientes arriba de un caballo no tiene nada que ver con el caballo. Entre las compañeras de la caballeriza circula la idea de que la confianza ecuestre se consigue leyendo sobre psicología del caballo y etología equina, como si un capítulo bien estudiado bastara para dejar de temblar en la silla. Te cuento por qué, para quienes llegamos de adultas como principiantes de equitación, ese mito hace más daño que bien, y de paso te aviso desde ya que más adelante menciono un curso con enlace de afiliado: si terminas comprándolo, a mí me toca una comisión y a ti no te cuesta ni un peso extra.
El mito de la psicología del caballo que no te quita el miedo
Durante mis primeros meses en la caballeriza probé justo eso. Alguien me prestó un manual clásico de equitación, de esos gruesos con diagramas, y me lo llevé a la oficina para leerlo entre balance y balance. Mi instructora me había advertido, medio en broma, que ese librote me iba a aburrir más de lo que me iba a servir, y aun así lo intenté, terca como soy. No entendí ni la mitad de los términos técnicos, y el sábado siguiente seguía tan tensa como siempre arriba del caballo. La teoría sola, sin el animal enfrente y sin nadie que me la tradujera, no sirvió de mucho.
Ahí empecé a sospechar que el problema no era de conocimiento sino de atención. Del caballo sabemos, en términos generales, que percibe el mundo distinto a nosotros, pero de nada me servía memorizarlo si seguía sin fijarme en lo que pasaba enfrente de mí, en el momento real, arriba de la silla. Fue por esas fechas cuando alguien de la caballeriza me habló del curso La Mente Equina de 0 a 100, no como receta mágica sino como una manera más ordenada de mirar lo que ya tenía frente a mí cada sábado.
Lo que de verdad ayuda: entender lo que piensa un caballo
Sí y no. Ayuda un poco saber que hay una lógica detrás de por qué un caballo se pone nervioso con un ruido súbito o con algo que se mueve raro cerca de sus patas; ese tema del lenguaje corporal del caballo ya lo explican mejor en otro texto que leí, con más calma de la que yo le puedo dar aquí. Lo que de verdad cambió las cosas para mí no fue la explicación sino la costumbre de observar antes de actuar. Tadeo, un jinete que lleva su cuarto de milla pensionado en la misma caballeriza desde hace más años de los que yo llevo yendo ahí, me dijo una vez que todo esto se aprende primero mirando en silencio, no leyendo. Sonó a frase de señor sabio de película, pero con el tiempo le encontré la razón.
Observar en silencio, sin teoría de por medio
Entre semana, cuando salgo a comer algo rápido cerca del Jardín Guerrero, en el Centro Histórico, todavía le doy vueltas a esa frase de Tadeo. No es que la teoría esté de más; las normas de seguridad en el picadero para jinetes adultos principiantes hay que conocerlas sí o sí, sin peros. Pero una cosa es conocer una norma y otra distinta es notar, en el momento, si el caballo respira más rápido cuando me acerco, si busca alejarse o se queda quieto, si sus pasos hacia mí son parejos o dudosos. Nada de ciencia ahí, solo costumbre de fijarme.
Construir esa costumbre desde el suelo, cepillando, tiene su propio proceso; por algo hay todo un texto sobre cómo cepillar a tu caballo para mejorar el vínculo, y ahí se explica bien esa conexión entre jinete y caballo que a mí todavía me falta pulir. Los errores típicos de quien empieza de adulta con esto también dan para su propio texto, y seguro ya cometí más de uno sin darme cuenta.
Concepción, una señora que se sienta en la barda del picadero casi todos los sábados con su termo de café, se sabe el nombre de cada caballo de la caballeriza y hasta comenta si tal o cual amaneció de mal humor. Un sábado me dijo, sin que se lo preguntara, que llevaba tiempo viéndome montar y que ya no me veía "toda encogida" como al principio. No supe qué contestarle, pero me quedé pensando en eso el resto de la semana.
La señal que uso para saber si voy tranquila
Con dos años montando los sábados, todavía no sabría explicarte con palabras técnicas qué hace que un caballo confíe en alguien. Lo que sí puedo decirte es cómo mido si yo ando tranquila ese día: si llego a la caballeriza y camino hacia el box sin apurar el paso ni quedarme viendo hacia la salida por si las dudas, sé que traigo la cabeza en su lugar. Si en cambio me sorprendo caminando rápido o mirando de reojo la puerta, la que necesita calmarse soy yo, no el caballo.
Tampoco pretendo enseñarte equilibrio en la silla ni la manera correcta de subirte (yo sigo intentando montar por el lado derecho cuando ando nerviosa, y ya me han corregido más de una vez), ni qué ropa comprar para arrancar con esto, de eso ya hay textos que lo explican mejor que yo. El susto inicial de subirte por primera vez también es programa aparte, y lo recuerdo clarísimo aunque ya haya pasado. El curso La Mente Equina de 0 a 100 me dio un orden para entender por qué reacciono distinto según el caballo que me toque, y eso ayuda cuando ya llevas un rato yendo a ciegas, aunque el mismo material aclara algo importante: no reemplaza las horas reales de pie en el corral. Ese trabajo sigue siendo tuyo, sábado tras sábado. Si de plano quieres profundizar en el comportamiento natural del caballo más allá de mi experiencia, ahí está por qué conocer el comportamiento natural del caballo mejora el manejo, que cubre ese lado mejor de lo que yo podría resumir aquí.
Después de unos diez minutos de trabajo seguido en el picadero, el alazán que me toca de maestro empieza a resoplar distinto: un resoplido más largo y parejo, casi acompasado con mis propios pasos. Ahí entiendo que bajó la guardia conmigo, aunque yo tampoco sepa explicarlo con palabras de manual. Antes ese resoplido me hubiera puesto nerviosa; ahora lo espero.
Cuando la teoría sí tiene su lugar
El gato color zanahoria de la caballeriza sigue durmiendo hecho bolita sobre los costales de alimento, junto a la ventanilla donde se paga, completamente indiferente a mis dramas de los sábados. Si algo me enseñó ese animal sin proponérselo es que la calma no se explica, se contagia. La regla que me sirve es esta: primero repetir y observar, después leer teoría para ponerle nombre a lo que ya sentiste, no al revés.
Otra cosa que nadie te avisa: si después de las clases terminas sin poder subir las escaleras de tu casa por el dolor de espalda, revisa en serio estos consejos sobre cómo aliviar el dolor muscular después de montar. Mi tina de agua caliente y yo llevamos ya buen rato de amistad por esto.
Si te está costando quitarte el miedo y sientes que deberías entender más teoría antes de sentirte lista, mi consejo va al revés de lo que uno esperaría: aprende primero a estar relajada junto al caballo, y deja que la teoría llegue después, cuando ya tengas algo real que explicarte a ti misma. Si aun así quieres una guía más ordenada para acompañar ese proceso, ahí sigue el curso de La Mente Equina de 0 a 100 que menciono desde el principio, no como receta, más bien como compañía para los sábados en que el picadero se siente más grande que tú.
Comparto lo que he aprendido a través de la experiencia, pero no soy médico, abogado ni planificador financiero. Este contenido no reemplaza el asesoramiento profesional. Habla con un experto cualificado antes de tomar decisiones importantes.