
El olor a alfalfa seca y cuero viejo mezclado con el calor que emana del cuello del caballo cuando acerco la mano con duda es lo primero que me recibe cada sábado. Es una sensación que me reinicia el sistema después de una semana de cuadrar balances y pelearme con el SAT aquí en Querétaro. Pero les cuento, que aunque llevo unos ocho meses en esto —desde que regresé de aquellas vacaciones donde una cabalgata me dejó toda traqueteada pero con ganas de más—, todavía hay mañanas en las que me quedo paralizada frente a media tonelada de músculo, sintiéndome del tamaño de una hormiga.
Antes de que se me olvide, un paréntesis rápido (porque ya saben que me pierdo): por aquí voy a poner algunos enlaces de afiliado. Si algo de lo que les platico les late y deciden comprarlo, a mí me llega una pequeña comisión y a ustedes no les cuesta ni un peso extra. Solo les comparto lo que yo misma estoy usando para no salir volando del corral, como La Mente Equina de 0 a 100, que es el curso que me tiene pegada a la pantalla los martes por la noche. Si un enlace no fuera de afiliado, se los diría igual, pero aquí la transparencia es regla, como limpiar los cascos antes de montar.
¿Por qué una contadora terminó estudiando caballos en internet?
Verán, yo estoy acostumbrada a que 2+2 siempre sea 4. En mi oficina, los números no se asustan si pasa una mariposa volando. Pero en la caballeriza, la lógica es otra. Al principio, mis clases eran puro 'haz esto' y 'mueve aquello', y yo, por puros nervios, terminaba haciendo todo al revés. Una vez, de plano, intenté subirme por el lado derecho y quedé de espaldas a la cabeza del pobre animal ante la mirada de '¿qué le pasa a esta mujer?' de mi instructor. Si les pasa lo mismo, no se sientan mal, por aquí escribí sobre cómo subir al caballo correctamente sin parecer un pulpo mareado.
Me di cuenta de que me faltaba la teoría. No quería ser profesional, solo quería dejar de sentir que el caballo y yo hablábamos idiomas distintos. Por eso, a mediados de este verano, decidí que necesitaba entender qué pasa por esa cabezota antes de poner el pie en el estribo. Fue cuando me topé con la idea de un curso online. Suena raro, ¿no? 'Aprender a montar frente a la compu'. Pero la realidad es que la equitación es un 70% entender al animal y un 30% no estorbarle mientras se mueve.
La ventaja de la teoría: Disciplina cognitiva vs. el caos del corral
Aquí es donde entra mi 'teoría de la contadora'. En el corral, con el instructor gritándote (con cariño, pero gritando al fin) y el caballo moviéndose, es difícil procesar por qué las orejas se pusieron hacia atrás. El beneficio real de un curso como La Mente Equina es que te permite una progresión técnica mucho más personalizada. Yo me siento en mi sala, con un cafecito, y puedo repetir diez veces la parte donde explican que el caballo tiene un campo visual de casi 350 grados. ¡Imagínense! Ven casi todo a su alrededor excepto lo que tienen justo en la nariz o en la cola.
Esa autodisciplina cognitiva de estudiar por tu cuenta hace que, cuando llegas al sábado, ya no vas en blanco. Ya sé que si 'Dante' (el caballo de la escuela que me tolera las torpezas) mueve la cola de cierta forma, no es que esté enojado conmigo, a lo mejor solo hay una mosca latosa. Entender que son animales de presa y que su instinto es salir corriendo, no comerme, me quitó un peso de encima. Si quieren saber más de esto, les recomiendo leer por qué entender la psicología del caballo cambió mis clases.
Lo que he aprendido en 'La Mente Equina de 0 a 100'
Este curso no te enseña a saltar obstáculos de dos metros (gracias al cielo, porque me desmayo), se enfoca en lo básico que todos ignoramos por querer vernos como en las películas. Lo que más me gusta es:
- El lenguaje no verbal: Aprender a leer la tensión en su cuerpo antes de que sea un problema.
- Manejo pie a tierra: Porque la clase no empieza cuando te subes, empieza desde que entras al box.
- Seguridad: Entender sus puntos ciegos para no llevarte un susto innecesario.
¿Realmente sirve un curso online para algo tan físico?
Miren, yo soy la primera en decir que nada sustituye las horas de vuelo (o de trote, en este caso). Pero hay una diferencia enorme entre montar como un saco de papas y montar sabiendo qué estás pidiendo. El curso me dio las herramientas para que esa tensión en mis hombros —esa que cargo desde la oficina— cediera. Y lo supe el día que, aplicando una técnica de respiración que vi en uno de los videos, escuché el resoplido profundo de Dante. Fue la primera vez que sentí que estábamos en sintonía.
Ojo, que yo no soy veterinaria ni instructora certificada, solo soy una mujer que encontró paz en el campo. Siempre, siempre, consulten con su instructor antes de intentar algo nuevo con el caballo, y si ven que el animal se siente mal o cojea, llamen al experto. No se me quieran pasar de listas solo por ver tres videos. El curso es una guía, no un título de medicina equina.
Si están pensando en invertir en su aprendizaje, aquí les dejo lo que me parece más rescatable de mi experiencia actual:
- Pros de La Mente Equina: Va al grano, puedes verlo en pijama, y te explica el 'porqué' psicológico, no solo el 'cómo' mecánico.
- Contras: Pues que te dan ganas de ir al establo a media noche a probar lo que viste, y obviamente no se puede. Además, requiere que seas honesta contigo misma sobre tus errores.
La reflexión de sábado por la tarde
A veces pienso que cuadrar un balance contable anual es mucho más sencillo que descifrar qué me está diciendo un caballo con un ligero movimiento de orejas. Pero ahí está la magia. La equitación para adultos como nosotros no es para ganar medallas, es para aprender a estar presentes. El curso online me dio la confianza para no sentirme una intrusa en la caballeriza. Ya no me importa si me tardo media hora en cepillarlo; de hecho, ahora disfruto más ese tiempo a pie que el estar arriba.
Si están empezando y sienten que el instructor les habla en chino, o si todavía les tiemblan las piernas antes de montar, denle una oportunidad a la teoría. Les juro que entender que el bicho de 500 kg que tienen al lado solo quiere sentirse seguro, cambia toda la experiencia. Yo sigo siendo la que se pone la bota izquierda en el pie derecho a veces, pero al menos ya sé por qué Dante bosteza cuando por fin me relajo.
Si se animan, pueden echarle un ojo a La Mente Equina de 0 a 100 y empezar a estudiar desde hoy. No se van a arrepentir de entender un poquito mejor a estos gigantes nobles. ¡Nos vemos el próximo sábado en el corral!
Comparto lo que he aprendido a través de la experiencia, pero no soy médico, abogado ni planificador financiero. Este contenido no reemplaza el asesoramiento profesional. Habla con un experto cualificado antes de tomar decisiones importantes.