
Un sábado por la mañana en la caballeriza, el olor a alfalfa fresca se mezcla con mi ansiedad mientras intento que un animal de media tonelada no se mueva mientras lo cepillo. Es una sensación extraña, ¿sabes? Por un lado, está el aire fresco de las afueras de Querétaro que me limpia los pulmones después de una semana de cuadrar balances y lidiar con el SAT; por otro, está ese recordatorio constante de que, aunque sea noble, este ser de 500 kg —que es lo que pesa en promedio un caballo ligero de silla— podría aplastarme un pie sin darse cuenta.
Antes de seguir, fíjate que tengo que contarte algo importante. En este texto vas a ver algunos enlaces a cursos o cosas que me han servido. Si decides comprar algo a través de ellos, a mí me llega una comisión (por ejemplo, el curso que mencionaré luego tiene una comisión del 45%), pero a ti no te cuesta ni un peso más. Solo hablo de lo que yo misma estoy usando en mis clases de los sábados para no morir de nervios. Obviamente, no soy veterinaria ni entrenadora profesional; solo soy una contadora que ama a los caballos, así que siempre checa con tu instructor antes de intentar algo nuevo.
El regreso de las vacaciones y el nudo en el estómago
Todo esto empezó a principios de año, después de que me fui de vacaciones y se me ocurrió tomar una cabalgata de una tarde. Regresé a Querétaro totalmente enganchada, pero fíjate que también regresé con un miedo que no se me quitaba. Me inscribí en una caballeriza a la salida de la ciudad para tomar lecciones los fines de semana, y entonces me di cuenta de que montar es apenas el 10% del asunto. El otro 90% pasa aquí abajo, en el polvo del corral.
Durante las primeras lecciones de mayo, me pasaba algo muy chistoso (bueno, frustrante en ese momento): siempre intentaba montar por el lado izquierdo, casi de forma obsesiva. Luego aprendí que es por pura tradición histórica, porque los caballeros llevaban la espada del lado izquierdo y les estorbaba si subían por el derecho. Pero cuando estás nerviosa, esos detalles se te olvidan y acabas dando vueltas alrededor del caballo como si fueras un satélite perdido. Ese nudo en el estómago que aparece cuando el caballo sacude la cabeza de repente, recordándome lo pequeña que soy a su lado, era mi pan de cada día.
La realidad de ser un jinete adulto (y el dolor de espalda)
Aquí es donde entra mi teoría de por qué los adultos necesitamos el trabajo pie a tierra más que los niños. Los niños se suben y se caen y rebotan. Yo, a mis treinta y tantos, si me caigo, probablemente necesite tres días de antiinflamatorios. Además, fíjate que sufro de un dolor crónico lumbar por estar sentada todo el día en la oficina. El entrenamiento estándar a veces ignora que llegamos a la clase con la espalda hecha un nudo y los músculos fatigados.
Descubrí que dedicarle tiempo a aprender a estar relajada junto al caballo durante las clases, antes de siquiera poner un pie en el estribo, funciona como un pre-calentamiento para mi columna. Si el caballo está tranquilo abajo, yo no me tenso tanto arriba. Y si yo no me tenso, mi espalda no me grita a la mañana siguiente. Es un enfoque de bajo impacto que me salva la vida.
El descubrimiento de La Mente Equina
Hace apenas un par de semanas, sentí que me había estancado. Sentía que 'Don Pepe', el caballo escuela que me asignan y que tiene una paciencia de santo (se queda dormido mientras le quito el barro de los cascos, pobre), simplemente me ignoraba. Yo le pedía que caminara y él se quedaba mirando el horizonte. Entonces empecé a buscar algo de teoría para mis ratos libres entre semana y me topé con el curso La Mente Equina de 0 a 100.
Fíjate que lo que me voló la cabeza fue entender el campo visual del caballo. Ellos tienen una visión de 350 grados, casi circular, con un punto ciego justo frente a su nariz y detrás de su cola. Yo estaba parada justo en su punto ciego pidiéndole cosas, ¡con razón no me hacía caso! El curso me ayudó a entender que no es que sean tercos, es que nosotros no sabemos comunicarnos. Si te interesa entender por qué tu caballo hace lo que hace, entender la mente equina mejora tu confianza al montar de una forma que no te imaginas.
Errores de principiante que me dieron lecciones de vida
Hay un momento que no olvido de una tarde calurosa de julio. Estaba intentando que Don Pepe diera un paso atrás. Estuve pasar diez minutos intentando que el caballo diera un paso atrás, solo para darme cuenta de que yo estaba bloqueando su camino con mis propios pies. Estaba tan preocupada por la técnica del ramal que no veía que mi propio cuerpo le decía '¡no pases!'.
Ese es el gran secreto del trabajo pie a tierra: te obliga a ser consciente de tu propio cuerpo. En el curso que estoy tomando explican súper bien cómo el lenguaje corporal lo es todo. Si quieres mejorar en esto, te recomiendo checar cómo guiar a un caballo del ramal sin tirones, porque es la base de todo el respeto mutuo.
Lo que más me gusta de trabajar desde el suelo:
- Seguridad: Aprendes a leer si el caballo está asustado o relajado antes de estar a metro y medio del suelo.
- Vínculo: El calor que desprende el cuello del caballo contra mi palma y el sonido rítmico de su masticación rompiendo el silencio del campo... no hay nada que se le compare.
- Bajo impacto: Ideal si, como yo, tienes la espalda de una persona de ochenta años atrapada en un cuerpo de treinta.
¿Vale la pena invertir en cursos online?
Mira, yo era escéptica. Pensaba: '¿Cómo voy a aprender a andar a caballo viendo videos?'. Pero la verdad es que las clases presenciales son para la práctica, y a veces el instructor no tiene tiempo de explicarte la etología o el porqué de cada movimiento. El material de La Mente Equina de 0 a 100 [Lo que estoy usando] me ha servido para que, cuando llego el sábado a la caballeriza, ya sé qué observar en las orejas de Don Pepe o cómo posicionar mis hombros.
Lo bueno es que lo puedes repasar a tu ritmo. Lo malo, pues que la teoría no reemplaza las horas de corral, pero te da un mapa para no ir a ciegas. Si eres de las mías, que se ponen nerviosas y se suben por el lado equivocado, este tipo de herramientas te dan una paz mental increíble. Y si te da curiosidad, puedes leer más sobre por qué el curso La Mente Equina es ideal para jinetes adultos como nosotros que buscamos un hobby relajado.
Conclusión: El silencio del corral
La equitación para mí se ha vuelto ese espacio de los sábados donde el tiempo se detiene. Ya no me urge galopar ni ganar trofeos. La victoria de hoy fue lograr que Don Pepe me siguiera sin tensión, simplemente respirando y ocupando mi espacio con calma. Entendí que la equitación es más lo que pasa en el suelo que lo que pasa en la silla.
Si estás pensando en empezar o si ya montas pero sientes que te falta esa conexión 'mística' con el caballo, dale una oportunidad al trabajo pie a tierra. Y fíjate, si quieres una guía clara para empezar, te recomiendo muchísimo darle una mirada a La Mente Equina de 0 a 100. A mí me cambió la forma de ver a estos gigantes de media tonelada. ¡Nos vemos el próximo sábado entre pacas de heno!
Comparto lo que he aprendido a través de la experiencia, pero no soy médico, abogado ni planificador financiero. Este contenido no reemplaza el asesoramiento profesional. Habla con un experto cualificado antes de tomar decisiones importantes.